Acuerdos matrimoniales

Persona firmando un acuerdo matrimonial en una mesa con documentos.

Es muy probable que tú y tu pareja estéis a punto de casaros y os ronde la cabeza una duda que casi nadie dice en voz alta: qué pasaría con lo vuestro si un día la cosa saliera mal. Hablar de dinero antes de la boda parece de mal gusto, pero es justo lo contrario. Dejar por escrito de quién es cada cosa no significa que desconfíes del otro, significa que los dos sois adultos y preferís decidirlo con la cabeza fría y no en mitad de una discusión.

Voy a explicarte, en un lenguaje sencillo y sin florituras, qué es un acuerdo matrimonial, cuándo conviene firmarlo y qué errores veo repetirse una y otra vez. No tomes este texto como un consejo cerrado para tu caso concreto, porque cada matrimonio es un mundo. Como siempre te recordamos, en nuestro despacho estamos a tu disposición si prefieres que lo veamos juntos con tu situación delante.

¿Qué es un acuerdo matrimonial y cuándo conviene firmarlo?

Qué son las capitulaciones y para qué sirven de verdad

En España, lo que mucha gente llama «acuerdo prematrimonial» tiene un nombre propio: «capitulaciones matrimoniales». Dicho en lenguaje entendible, es el documento donde tú y tu pareja decidís de antemano cómo se va a organizar el dinero durante el matrimonio y qué ocurre con los bienes si un día os separáis. Ahí se fija el «régimen económico matrimonial», es decir, las reglas del juego económico de vuestra pareja: si cada uno mantiene lo suyo por separado o si lo que se gana durante el matrimonio se comparte a medias. Ten en cuenta que estas capitulaciones no valen con un simple papel firmado en casa. El artículo 1327 del Código Civil exige que se otorguen en escritura pública ante notario, y sin ese requisito no producen efecto frente a nadie.

Prematrimonial, prenupcial, capitulaciones: ¿cambia algo el nombre?

Prematrimonial, prenupcial, capitulaciones… verás estos términos usados como si fueran cosas distintas, y en el fondo apuntan a lo mismo: pactar por adelantado las reglas económicas de vuestra unión. La diferencia real no está en la palabra, sino en el momento. Si firmáis antes de la boda, hablamos de capitulaciones prematrimoniales. Si lo hacéis ya casados, siguen llamándose capitulaciones, solo que otorgadas durante el matrimonio, y también son válidas. Y esto no es cosa únicamente de quien pasa por el altar. Una pareja de hecho también puede querer dejar por escrito de quién es qué, porque conviviendo sin estar casados se generan bienes, deudas y expectativas igual que en cualquier matrimonio. Lo que importa no es cómo lo bautices, sino que esté bien redactado.

El momento de firmar (y por qué no conviene dejarlo para el final)

El mejor momento para firmar es con margen, meses antes de la boda y no la víspera. Cuanto antes lo habléis, más tiempo tendréis para negociar con calma, consultar cada uno con su abogado y llegar a algo equilibrado. Firmar con prisas, dos días antes del banquete, es abrir la puerta a que mañana alguien alegue que firmó presionado y sin entender lo que firmaba. Hace tiempo tuve una consulta de un empresario de 49 años que ganaba unos 180.000 euros al año y se casaba con una profesional de 34. Le insistí en cerrar las capitulaciones con tiempo, pero lo dejó todo para la última semana y su pareja las firmó casi sin leerlas. Cuando llegó el divorcio, ella impugnó el documento alegando coacción y buena parte de lo pactado se vino abajo. Resumen: lo que se firma con prisa se defiende mal.

¿Cómo te ayudan los abogados de familia a firmar un acuerdo?

Por qué no conviene hacerlo sin abogado

Pues bien, aquí llega la parte donde mucha gente intenta ahorrarse unos euros y acaba pagándolos por partida doble. Redactar unas capitulaciones no es rellenar una plantilla bajada de internet. Cada cláusula tiene consecuencias que se notan años después, cuando ya no hay marcha atrás. Un abogado de familia sabe qué se puede pactar, qué pactos va a tumbar un juez y cómo redactar el documento para que aguante una impugnación el día de mañana. Firmar unas capitulaciones sacadas de un modelo genérico es como encargar el traje de la boda en un bazar de saldo y esperar que te siente como uno hecho a medida por un sastre. De lejos puede que se parezca, pero en cuanto lo miras de cerca se le ven las costuras.

Qué hace en realidad el abogado matrimonialista

El trabajo del matrimonialista empieza mucho antes de redactar nada. Primero pone sobre la mesa la foto patrimonial de los dos: qué bienes tiene cada uno, qué deudas arrastra, qué ingresos entran y qué herencias se ven venir. Después te explica las opciones de régimen, «separación de bienes» o «gananciales», y qué significa cada una para ti en distintos escenarios. Dicho en lenguaje entendible, en separación de bienes lo tuyo sigue siendo tuyo y lo del otro sigue siendo suyo, mientras que en gananciales casi todo lo que se genere durante el matrimonio se reparte a medias. También negocia con la otra parte buscando un equilibrio y evita cláusulas leoninas que dejen a uno de los dos a los pies del otro. Y al final acompaña la firma ante notario para que todo tenga plena validez.

Lo que ganas trabajando con un despacho especializado

Abogados especialistas en derecho de familia
Abogados especialistas en derecho de familia

Trabajar con un despacho que se dedica a esto todos los días marca la diferencia entre un papel que parece correcto y uno que de verdad te protege cuando llega el momento feo. Cada pareja es distinta y no hay soluciones de talla única, así que lo primero es sentarse a entender tu caso antes de recomendarte cláusula alguna. Nosotros te explicamos cada punto del acuerdo en cristiano, sin latinajos, para que los dos firméis sabiendo exactamente a qué os comprometéis. Y no nos quedamos en el documento: valoramos también la custodia, la herencia y la protección de tu patrimonio, porque todo eso se toca entre sí. Si quieres hacerte una idea del tipo de asuntos que sacamos adelante, puedes echar un vistazo a nuestros casos de éxito.

¿Qué se puede pactar sobre la pensión entre los cónyuges?

Cómo se regula la pensión compensatoria en las capitulaciones

Aquí conviene aclarar un lío que trae mucha gente. Entre cónyuges, lo que en España se reconoce cuando el matrimonio termina no es una «pensión alimenticia», es la «pensión compensatoria». Dicho en lenguaje entendible, es la cantidad que un cónyuge paga al otro cuando el divorcio o la separación le deja en clara desventaja económica respecto a como vivía casado. En unas capitulaciones bien hechas puedes dejar previstas condiciones sobre esa compensación: durante cuánto tiempo, en qué cuantía y en qué casos se revisa o se extingue. Ten en cuenta que algunas parejas pactan la renuncia total a la compensación, y ese punto hay que mirarlo con lupa, porque un juez puede dejarlo sin efecto si comprueba que las circunstancias han cambiado tanto que la cláusula resulta injusta.

Proteger a los dos, no solo al que tiene más

Un buen acuerdo no blinda solo al que llega con más patrimonio, protege a los dos y reconoce que al matrimonio no se aporta únicamente dinero. Hay quien deja su trabajo, se muda por la carrera del otro o se queda en casa con los hijos, y esa renuncia también cuenta. Hace tiempo llevé el caso de una mujer que había dejado un empleo de 40.000 euros al año para seguir a su marido a otra ciudad y criar a los dos niños. Se casaron en separación de bienes sin prever nada para ese sacrificio, y al divorciarse, quince años después, se encontró sin casa a su nombre y sin apenas cotización. Es decir, había sostenido la logística de toda la familia durante años y el papel no le reconocía ni un euro. Por eso solemos meter cláusulas que compensen esas aportaciones que no se ven pero que valen tanto como una nómina.

Cláusulas que solemos recomendar

Con los años uno aprende qué cláusulas ahorran disgustos. Solemos aconsejar una revisión pactada cuando pasan muchos años o cuando la situación económica de cualquiera de los dos da un vuelco, por ejemplo un despido o una enfermedad grave. También funciona bien fijar de antemano que, antes de acabar en un juzgado, tengáis que pasar por una mediación, porque eso rebaja el coste y la tensión. Sobre los hijos la cosa cambia: puedes dejar por escrito tus intenciones, pero la pensión de alimentos de los menores no la fija tu acuerdo, la fija el juez mirando el interés del niño, diga lo que diga el papel. Ten en cuenta esa frontera, porque muchos la ignoran y meten cláusulas que no valen nada.

¿Se puede pactar la custodia compartida en un acuerdo prematrimonial?

Qué puedes dejar previsto sobre los hijos (y qué no)

Cada vez más parejas quieren dejar escrito qué harán con los hijos si un día se separan, y en concreto apostar por la «custodia compartida». Dicho en lenguaje entendible, que el niño siga teniendo padre y madre de verdad, repartiendo el tiempo entre los dos y no viendo a uno cada quince días. El Tribunal Supremo lleva años diciendo que esta custodia no es la excepción rara, sino lo normal e incluso lo deseable, porque evita que el menor sienta que ha perdido a uno de sus padres. Ahora bien, ten en cuenta un límite importante: lo que pactéis sobre los hijos no ata al juez. Puedes dejar constancia de vuestras intenciones y de vuestros valores como padres, pero la última palabra sobre con quién y cómo viven los niños siempre la tiene el juzgado, mirando qué le conviene al menor.

Requisitos para que esas cláusulas tengan algún peso

Para que esas previsiones sirvan de algo, hay que redactarlas con cabeza. Lo primero es reconocer dentro del propio documento que todo lo relativo a la custodia queda sujeto a lo que decida un juez y al interés del menor. Yo siempre recomiendo plantear estas cláusulas como principios que os guían, no como obligaciones rígidas: qué colegio, qué valores, cómo repartir las decisiones, el compromiso de resolver las discrepancias por mediación antes de tiraros los trastos en un juzgado. Conviene también dejar dicho que estas previsiones se revisarán según crezcan los niños, porque las necesidades de un bebé no son las de un adolescente. Y como en todo lo demás, que cada uno vaya con su propio abogado y que se formalice ante notario.

Cómo lo enfocamos en nuestro despacho

Cuando una pareja nos plantea esto lo tratamos con la sensibilidad que merece, porque nadie disfruta imaginando su divorcio el mismo año en que se casa. Trabajamos contigo un marco flexible que refleje vuestros valores sobre la crianza, desde la educación y la salud hasta cómo transmitir vuestras creencias. Te ayudamos a aterrizar la parte práctica, que es la que suele complicarlo todo: a qué distancia vais a vivir, cómo encajan los horarios de trabajo de cada uno y cómo afecta eso al reparto de tiempo con los hijos. Y cuando hace falta, te ponemos en contacto con mediadores familiares o psicólogos infantiles, porque un buen acuerdo sobre los niños no es solo jurídico, es también humano.

¿Por qué elegir abogados especializados para tu acuerdo?

Lo que aporta un matrimonialista con años de despacho

Un matrimonialista con años a la espalda te aporta algo que ningún formulario te da: saber por experiencia qué cláusulas aguantan y cuáles se caen a la primera. Ese oficio se nota sobre todo en el divorcio, cuando cada frase del acuerdo se mira con lupa y con los ánimos calientes. Un buen abogado entiende cómo encajan entre sí los gananciales, la vivienda, la herencia y la compensación, y arma un documento coherente en vez de un puzzle de cláusulas sueltas. Y aporta una cosa más, quizá la más valiosa: sangre fría. Dos personas enamoradas y con la boda en la agenda tienden a ceder por amor en cosas que luego pesan mucho. El abogado hace de voz sensata y se asegura de que los dos entendáis de verdad lo que estáis firmando.

Qué servicios te damos en materia de capitulaciones

En materia de capitulaciones cubrimos todo el recorrido, desde la primera consulta hasta la firma. Empezamos por un repaso a fondo de tu situación: activos, deudas, ingresos, herencias a la vista y cualquier circunstancia que pida un trato especial. Luego te explicamos las opciones de régimen y cómo te afecta cada una. Si en la negociación aparecen desencuentros, ofrecemos mediación para desatascarlos sin romper la baraja. Estamos acostumbrados a casos que se salen de lo corriente: parejas con empresa común, con hijos de relaciones anteriores o con patrimonio en varios países, donde entra en juego el derecho internacional. Y una vez firmado el documento lo revisamos con el tiempo, porque lo que hoy es justo puede quedarse corto dentro de diez años.

Cómo protegemos tus intereses al formalizar

Antes de casarse
Antes de casarse

Proteger tus intereses al firmar significa cuidar el fondo y también las formas. Nos aseguramos de que el proceso cumpla los requisitos que evitan sustos: que los dos hayáis puesto todas las cartas boca arriba sobre vuestro patrimonio, que haya tiempo para leer y pensar sin presión y que cada uno cuente con su propio abogado. Ese cuidado no es un capricho, porque buena parte de las capitulaciones que se impugnan en un divorcio caen precisamente por defectos de forma. Redactamos cláusulas claras, sin dobleces que un abogado contrario pueda retorcer, y cuando encaja proponemos cláusulas con fecha de caducidad, para que ciertos pactos dejen de aplicarse pasados unos años de matrimonio. Si te viene bien tratarlo en persona, puedes acercarte a nuestro despacho de familia en Leganés y lo vemos con calma.

¿Cuáles son los errores más comunes al firmar?

Fallos típicos de quien lo hace sin asesoramiento

Pues bien, el fallo número uno es ocultar información. Quien no enseña todo su patrimonio, sus deudas o la herencia que le va a llegar, aunque sea por despiste, se arriesga a que el documento entero se anule el día del divorcio. Otro clásico es tirar de plantilla de internet o copiar el acuerdo de un amigo, sin caer en que cada pareja tiene sus propias circunstancias y que hay cláusulas que en España ni siquiera son válidas. Firmar la víspera de la boda, ya te lo he dicho, es sembrar una futura acusación de coacción. Y meter sobre los hijos pactos que la ley no permite no solo tira esa parte abajo, sino que contagia la credibilidad de todo el papel. Cada uno de esos errores lo he visto acabar en un juzgado.

Lo que te juegas si el acuerdo no se formaliza bien

Las consecuencias de un acuerdo mal formalizado duelen en el bolsillo y en el ánimo. Cuando un juez anula las capitulaciones en pleno divorcio, os quedáis como si nunca hubierais firmado nada, y entonces manda el régimen que la ley impone por defecto, que puede ser justo lo contrario de lo que queríais. Eso golpea de lleno a quien llegó al matrimonio con más patrimonio y creía tenerlo a salvo. Ten en cuenta, encima, que discutir la validez de un documento alarga el divorcio, dispara la factura de abogados y peritos y saca a la luz intimidades vuestras que pasan a formar parte de un procedimiento. A veces un acuerdo mal hecho deja al cónyuge peor que si no hubiera firmado nunca.

Cómo evitarlos (lo que siempre recomendamos)

Evitar todo esto es más sencillo de lo que parece. Empieza con tiempo, con meses de margen, para que nadie pueda decir luego que firmó presionado. Que cada uno lleve su propio abogado, porque eso protege a los dos y corta de raíz cualquier alegación de desventaja. Poned todo el patrimonio por escrito, con papeles que lo respalden. Meted una revisión periódica, porque la vida cambia y lo que hoy es equilibrado mañana puede no serlo. Formalizad ante notario y cumplid cada requisito, que un detalle de forma tira el acuerdo. Y huid de las cláusulas leoninas o de castigo, de esas que un juez tumba por abusivas: un buen acuerdo se negocia de buena fe y protege a los dos por igual.

Recuerda que de lo que hagas ahora dependerán muchos años de tu vida. Si necesitas nuestros servicios estaremos encantados de poder atenderte ya que trabajamos en todo el territorio nacional.

Abogado Jesús Ángel Lorenzo Gonzalez
Abogado ICAM 70.378 y Socio Director en  | Sobre mí |  Más artículos
Jesús Ángel Lorenzo González es un abogado con más de 20 años de experiencia, especializado en derecho de familia y violencia de género.
Es fundador y socio director del despacho ABOGA2 en Madrid y otros sucursales.
Colaborador en Universidades y medios de comunicación como experto legal.