Qué te conviene más: separarte o divorciarte en España

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Si estás leyendo este artículo es porque tu matrimonio se ha roto y te enfrentas a una de las decisiones más importantes del proceso: optar por la separación legal o ir directamente al divorcio. Después de muchos años de ejercicio profesional habiendo intervenido en cientos de rupturas matrimoniales, te puedo decir que mucha gente toma esta decisión sin entender bien qué implica cada figura. Pues bien, vamos a tratar de explicarte con un lenguaje sencillo y comprensible qué consigues con la separación, qué consigues con el divorcio y cuándo te conviene una u otra opción según tu caso particular.

No tomes este texto como un consejo específico para tu caso, sino como una guía general. Como siempre te recordamos que estamos a tu entera disposición para ayudarte y estaremos encantados de ser tus abogados en la separación o el divorcio que vas a tramitar.

Cómo elegir la mejor opción entre separarte o divorciarte

Ventajas de la separación legal frente al divorcio

La separación legal sigue teniendo sentido en escenarios concretos, aunque cada vez se usa menos. La principal ventaja es que formaliza la ruptura de la convivencia sin disolver el vínculo matrimonial. Es decir, sigues casado a efectos civiles pero ya están regulados todos los aspectos de la vida separada: custodia, pensiones, uso de la vivienda y reparto patrimonial.

Esto resulta útil cuando hay convicciones religiosas que desaconsejan el divorcio definitivo, cuando todavía existe una mínima posibilidad real de reconciliación o cuando hay razones patrimoniales, prestacionales o sucesorias que aconsejan mantener el estado civil de casado. Por ejemplo, en algunos casos los derechos de viudedad o ciertas pensiones se ven mejor protegidos manteniendo el matrimonio formal.

Ten en cuenta que la separación regula con total fuerza ejecutiva los mismos puntos que el divorcio, incluyendo custodia de los nenes, régimen de visitas, pensión de alimentos, pensión compensatoria y liquidación de gananciales. Lo único que no extingue es el vínculo, y por tanto ninguno de los dos puede volver a casarse mientras la separación esté vigente.

Cuándo te conviene divorciarte directamente

Divorciarte es la opción correcta cuando tienes claro que el matrimonio se acabó y no piensas volver atrás. Si tú o tu pareja queréis poder volver a casaros con otras personas en el futuro, el divorcio es imprescindible porque la separación mantiene intacto el impedimento matrimonial.

Desde el punto de vista económico y procesal, ir directamente al divorcio te ahorra tener que tramitar después un segundo procedimiento para convertir la separación en divorcio. Eso son honorarios de abogado, tasas judiciales y meses adicionales de espera por algo que podías haber resuelto en un solo paso.

Mi experiencia me dice que la separación previa al divorcio solo tiene sentido en una minoría de casos. En la inmensa mayoría de rupturas que veo en consulta, ir al divorcio desde el primer momento es lo más honesto, lo más práctico y lo más barato. Si la relación está rota, asumirlo con todas las consecuencias evita estiramientos innecesarios.

Factores a tener en cuenta: hijos, patrimonio y planes personales

La decisión depende de tres bloques. El primero, los hijos. Si hay menores, tanto la separación como el divorcio te permiten regular la custodia, el régimen de visitas y las pensiones con idéntica fuerza ejecutiva, así que en este punto la elección no cambia mucho.

El segundo, el patrimonio. Si hay sociedad de gananciales con bienes complejos o empresa familiar, conviene preparar bien la liquidación antes de firmar nada. Y aquí da igual que sea separación o divorcio, lo que importa es no improvisar.

El tercero, los planes personales de cada uno. Si tu pareja ya está con otra persona y quiere rehacer su vida formalmente, te empuja al divorcio aunque tú no estés del todo dispuesto. Si los dos respetáis las convicciones religiosas del otro, la separación puede ser un punto intermedio aceptable.

Hace tiempo tuve una consulta de una mujer de cincuenta y un años cuyo marido le había pedido la separación pero no quería divorciarse «para no hacérselo pasar peor a los hijos». Pese a que le insistí en que la separación y el divorcio tienen el mismo impacto emocional sobre los nenes, y que prolongar el proceso solo iba a alargar el sufrimiento, no lo entendió. Dos años después volvió al despacho a tramitar el divorcio, porque su marido se había echado pareja nueva y quería casarse. Resumen: posponer una decisión inevitable casi nunca protege a nadie, simplemente pospone el coste y suma honorarios.

Separación y divorcio por mutuo acuerdo o contencioso

Procedimiento de mutuo acuerdo y convenio regulador

El mutuo acuerdo es la vía rápida, barata y poco traumática. Funciona cuando los dos cónyuges sois capaces de sentaros (con vuestros abogados, normalmente) y pactar los puntos importantes en un documento llamado convenio regulador. Ese documento se presenta al juzgado, el juez lo revisa y, si entiende que respeta los derechos de ambos y especialmente el interés de los hijos menores, lo aprueba mediante sentencia.

El convenio regulador tiene que recoger sí o sí los siguientes puntos. Custodia de los hijos menores y régimen de visitas del progenitor no custodio. Pensión de alimentos para los hijos y, si procede, pensión compensatoria entre cónyuges. Uso y disfrute de la vivienda familiar. Liquidación del régimen económico matrimonial cuando hay sociedad de gananciales. Y reparto concreto de los bienes y deudas comunes.

Mi consejo de siempre: aunque no es obligatorio que cada uno tenga su propio abogado en el mutuo acuerdo, sí es altamente recomendable. Un convenio mal redactado no es solo un papel sin valor, es la base de los próximos quince años de tu vida en relación con tu ex y con tus hijos. Cualquier ambigüedad ahí se va a pagar después con discusiones, modificaciones de medidas o vuelta al juzgado.

Procedimiento contencioso cuando no hay acuerdo

Cuando uno de los dos no acepta los términos o no hay forma de pactar nada, no queda más remedio que ir al contencioso. Uno de los cónyuges presenta la demanda de separación o divorcio, el otro contesta, se practican pruebas, hay vistas y, al final, el juez decide sobre todos los puntos discutidos.

El contencioso es más largo, más caro y más desgastante emocionalmente. Puede durar entre seis meses y dos años según la complejidad del caso y la carga del juzgado. Aquí la representación de un abogado especialista es absolutamente imprescindible, no opcional. Los puntos donde más se atascan los contenciosos son la custodia (especialmente cuando uno pide compartida y el otro exclusiva), las pensiones y el uso de la vivienda familiar.

Ten en cuenta que durante el contencioso, en cualquier momento las partes pueden alcanzar acuerdos parciales o totales que pongan fin anticipado al pleito. De hecho, una parte significativa de los contenciosos terminan transformándose en mutuo acuerdo a mitad de procedimiento, cuando las dos partes empiezan a calcular cuánto les va a costar seguir peleando. Si tu abogado te abre esa puerta, no la cierres por orgullo.

Custodia de los hijos y derechos del cónyuge

La custodia de los nenes es el punto más delicado y donde más he visto pelearse a familias. La regla de oro que aplican todos los jueces es el interés superior del menor. Por tanto la custodia se decide pensando en qué es mejor para los hijos, no en qué es mejor para los padres.

Hay dos modalidades principales. La monoparental, donde los hijos viven habitualmente con uno de los progenitores y el otro tiene un régimen de visitas más o menos amplio. Y la compartida, donde los menores alternan periodos equilibrados de convivencia con cada uno.

La compartida es cada vez más frecuente y muchos jueces la consideran preferible cuando los dos progenitores están en condiciones de ejercerla. Pero exige proximidad de domicilios, capacidad de los padres para cooperar en la crianza y voluntad real de respetar al otro. Si esas tres condiciones no se cumplen, la compartida se convierte en una pesadilla logística para los hijos.

Recuerda que el progenitor no custodio conserva derechos importantes aunque los nenes no vivan con él la mayor parte del tiempo: régimen de visitas, comunicación telefónica, información sobre la salud y la educación de los hijos, y participación en decisiones importantes (cambio de colegio, intervenciones médicas, autorización para viajes al extranjero). Esos derechos no son negociables y un buen abogado se va a asegurar de que estén claramente recogidos en el convenio o en la sentencia.

El papel de los abogados de familia en separación o divorcio

Por qué necesitas asesoramiento legal especializado

Un proceso de separación o divorcio no se puede improvisar. Las decisiones que tomas durante el procedimiento van a afectar tu vida durante años en términos económicos, emocionales y, sobre todo, en lo relativo a los nenes. Un abogado de familia con experiencia te va a aportar tres cosas.

Primera, conocimiento técnico. Calcula bien la pensión de alimentos según las tablas orientadoras del Consejo General del Poder Judicial, sabe cuándo procede pensión compensatoria y por cuánto tiempo, conoce las particularidades de la liquidación de gananciales y sabe redactar un convenio regulador que el juzgado vaya a aprobar sin pegas.

Segunda, perspectiva fría. En medio del huracán emocional de la ruptura, tener a alguien que te recuerde lo que es razonable y lo que no, lo que te conviene firmar y lo que no, vale su peso en oro. Tu ex pareja también va a tener un abogado o lo va a tener. Ir tú solo es ponerte en desventaja por iniciativa propia.

Tercera, estrategia procesal. Si el proceso va por contencioso, tu abogado decide en qué momento presentar qué prueba, cómo construir la línea argumental, cuándo intentar transaccionar y cuándo aguantar el pulso. Esas decisiones técnicas son las que marcan la diferencia entre una sentencia favorable y una desfavorable.

La mediación familiar como alternativa

La mediación familiar es una herramienta cada vez más utilizada y, cuando funciona, funciona bien. Es un procedimiento en el que un mediador neutral facilita la comunicación entre los dos cónyuges para que alcancéis acuerdos sobre custodia, pensiones, vivienda y reparto patrimonial.

Las ventajas son claras. Reduce costes frente al contencioso. Acorta plazos. Genera menos desgaste emocional. Preserva la relación civilizada entre los progenitores, lo cual es vital cuando hay hijos comunes. Y, dado que las soluciones las construís vosotros mismos, tienden a ser más sostenibles a largo plazo.

Eso sí, una matización importante: el mediador no es abogado y no protege específicamente tus intereses. La mediación funciona muy bien acompañada de tu propio abogado en paralelo, no en sustitución. Cada parte con su abogado revisando los acuerdos intermedios antes de firmar nada definitivo es la combinación que mejor he visto funcionar.

Cómo elegir el abogado para tu caso

La elección del abogado es una decisión que vas a hacer probablemente una sola vez en la vida y que va a marcar buena parte del resultado. Si no contratas a un fontanero para que te repase la instalación eléctrica, piensa si es buena opción contratar a un abogado generalista para que te tramite el divorcio que va a determinar la relación con tus hijos durante años. Los pobres siempre pagan dos veces, primero la barata y luego la que necesitan. Si solo te mueves por precio es posible que tengas tiempo en el futuro para arrepentirte.

Busca abogados especialistas en derecho de familia, no abogados generalistas que llevan de todo. Mira su trayectoria, mira opiniones de antiguos clientes, pide referencias. En la primera entrevista valora tres cosas: claridad en la explicación de honorarios y costes (que no haya sorpresas después), empatía y capacidad de escuchar (vas a contarle cosas íntimas) y capacidad técnica (que sepa de lo que habla cuando le preguntes detalles).

Mi consejo es que te entrevistes con dos o tres profesionales antes de decidir. Pregúntales por su enfoque: ¿prefiere intentar mutuo acuerdo siempre que sea posible o tira al contencioso a la primera de cambio? ¿Cuánta atención personal te va a dar él directamente o vas a tratar con becarios? ¿Cómo facturan los honorarios, por importe global, por hora o mixto? Esas respuestas te dicen mucho del despacho que tienes delante.

En nuestro despacho contamos tanto con abogados como con abogadas especialistas en derecho de familia, separaciones, divorcios de mutuo acuerdo, divorcios contenciosos, custodia de menores, pensiones, mediación y liquidación de gananciales. Atendemos clientes en toda España. Lo mejor que puedes hacer para resolver las dudas concretas de tu caso es pedir una cita con nuestros abogados especialistas. Recuerda que en nuestro despacho existe la posibilidad de hacer una cita telefónica o videocita, el precio es el mismo pero tiene la ventaja de darse con mayor rapidez y comodidad.

Recuerda que de lo que hagas ahora dependerán muchos años de tu vida. Si necesitas nuestros servicios estaremos encantados de poder atenderte ya que trabajamos en todo el territorio nacional.

Abogado Jesús Ángel Lorenzo Gonzalez
Abogado ICAM 70.378 y Socio Director en  | Sobre mí |  Más artículos
Jesús Ángel Lorenzo González es un abogado con más de 20 años de experiencia, especializado en derecho de familia y violencia de género.
Es fundador y socio director del despacho ABOGA2 en Madrid y otros sucursales.
Colaborador en Universidades y medios de comunicación como experto legal.